Mi nombre es Mayte Cedeño y soy naturópata desde hace más de una década, desde entonces ando combinando mi labor en consulta con una de mis pasiones, la enseñanza.

mayte-cedeñoTras varios años impartiendo clases de Fitoterapia, Cosmética natural y Naturopatía siento la necesidad de salir del aula e ir con las mujeres al bosque. En el bosque, en la montaña, en la pradera, recordamos que somos hijas de la Tierra y hacemos lo que más nos gusta y nutre: estar en contacto con la Naturaleza que somos y caminar a nuestras anchas.

Siendo niña encontraba paz al sumergir mis manos en la tierra para sembrar, trasplantar y sobre todo por el mero gusto de hacerlo. Reconocer las necesidades de las plantas era un proceso espontáneo que se daba simplemente por estar ahí, mirándolas, acariciándolas, hablando con ellas. Por el caminito aprendí a prepararme mis propios remedios vegetales, sigo haciéndolo, y ese saber, entre otras cosas, es lo que ofrezco.

Creo que los saberes acerca de las plantas que he ido adquiriendo, más que irlos aprendiendo, los he ido recordando. Una de mis tatarabuelas utilizaba el saber herbal para sanar y cuidar a los que a ella se acercaban. Fue una yerbera boricua, de Puerto Rico, la tierra que me vio nacer. Entre nuestras ancestras inevitablemente nos encontraremos con mujeres que hacían uso de sus conocimientos de plantas para sanar, cuidar, consolar, acompañar… Forma parte de nuestra herencia ancestral. De la de todas nosotras.

Las plantas me han enseñado que el conocimiento de sus virtudes es un camino que se cruza con cualquiera que se acerca a ellas con curiosidad y respeto. Esta sabiduría no es cosa de pocos, cada una y cada uno de nosotros, sin excepción, tenemos a nuestro alcance la posibilidad de entrar en comunicación directa con el mundo vegetal y recordar. Nuestros antepasados ya lo hicieron.

La Tierra, los árboles y las hierbas, en su infinita paciencia, esperan. Esperan a que nos bajemos del tren del ajetreo y escuchemos lo que tienen que decirnos. Y todos, todas, tenemos oídos en el corazón para poder hacerlo. No solo estoy hablando de una capacidad. Se trata también de un compromiso y de una responsabilidad esencial para con nuestra salud y la de nuestra Madre Tierra.