Encuentros entre mujeres, árboles y hierbas Primavera 2019

PLAN DE SIEMBRA PARA LA PRIMAVERA

Alivia el sentimiento de impotencia y favorece el dorado aliento de la esperanza. Siembra que aporta paz y amor al mundo. Una respuesta al escenario colectivo de adormecimiento, violencia, enfermedad, crisis ambiental y saturación tecnológica.

1. Recordar que tenemos capacidad de decisión.

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Decidir sacar de nuestras vidas los productos que fabrican las grandes multinacionales y que llenan los bolsillos de los de siempre a costa de, entre otras cosas, contaminar la tierra, ahogar en plásticos los océanos y experimentar cruelmente con animales. Decidir arremangarnos para decir plantándole cara a la bestia: adios loreal, bayer, clinique, colgate y todas las que lleváis patente y marca, me desvinculo de vosotras, dejo de invertir en políticas que atentan contra la vida, dejo de utilizar para mi cuidado y el de mi casa productos que nos intoxican a nosotros y al planeta.
Cuando hacemos esto estamos removiendo la tierra y quitando la maleza.

2. Recordar que tenemos capacidad creativa.
Ir al bosque, a la pradera o la montaña y perderse… Dejarse acariciar por las manos invisibles de los árboles y las hierbas, dejar que los vientos que acompañan sus palabras nos refresquen y calmen la cabeza. Observar una corteza, coger un puñado de tierra, dejar que los ojos se nos llenen de verde. Recordar que una tiene el conocimiento y el permiso para con amor recolectar frutos, ramitas y hierbas. Con respeto hacerlo para luego elaborar remedios que sanen, equilibren y embellezcan.
Cuando ponemos nuestras manos al servicio del corazón y en alianza con la naturaleza estamos sembrando nuestra semilla, estamos aportando nuestro granito de fecunda tierra.

3. Recordar que tenemos capacidad de risa y gozo.
Reconocer la gracia y el gusto con el que nuestros cuerpos y nuestras casas reciben el cuidado que les procuramos con las hierbas. Cuando una ya sabe decir: ven aquí ruda, buenos días artemisa, hola pino, todos mis respetos tomillito, gracias tejo, gracias rosa, romero, milenrama, por curarme, purificarme, perfumarme, por estar siempre ahí, tan pacíficos y pacientes, enseñándome tanta presencia y amor…

Cuando esto pasa, con la memoria desperezada, los ojos abiertos y las manos creando en complicidad con la tierra, una como que se pega un largo suspiro y emerge la sonrisa y puede que incluso una carcajada a pleno pulmón. Es entonces cuando la semilla sembrada florece verde en los sentidos y el corazón. Y una llega a pensar que sí se puede.

Mujer yerbera celebra en Primavera los Encuentros entre mujeres, árboles y hierbas. Para información sobre los encuentros pincha aquí: https://mujeryerbera.com/2018/08/07/encuentros-entre-mujeres-arboles-y-hierbas/

 

La Ruda y la fase premenstrual. Poder transmutador y armonizante.

El periodo premenstrual para muchas mujeres en edad fértil es el más desafiante de todo el ciclo menstrual. La semana o días antes del sangrado suelen ser días de tensión interna: las energías creativas que no se han encauzado en lo biológico a través del comienzo de un proceso de gestación danzan intensas en nuestro interior buscando un cauce expresivo. En esos días, además, el velo entre el consciente y el subconsciente se vuelve más fino (al igual que nuestra intuición y nuestra percepción) y es probable que sintonicemos con aspectos de nuestra vida conflictivos, asuntos que nos causen dolor, duelos no del todo procesados, frustraciones, enfados… Nuestra vivencia emocional se intensifica.

En realidad los días premenstruales son días en los que nuestra ciclicidad nos invita a mirarnos de cerca y en lo profundo y oscuro. Esto puede resultar incómodo y en ocasiones doloroso y como no nos han enseñado a entender y a navegar estas intensas energías, las rehuimos, normalmente proyectándolas hacia el exterior, en nuestras relaciones y situaciones de vida, generando dramas y conflictos. Haciendo esto nos perdemos uno de los regalos que vienen de la mano de esta fase: la oportunidad de abrazar estas vivas emociones, paso previo necesario para que se de la alquimia interior que separa y rescata “lo puro de lo impuro”, en donde una, amigándose con su propia vulnerabilidad, avanza en su camino personal, en el de amarse tal y como una es, del que todo lo demás parte.

Este no es un proceso fácil, pero muchas estamos dispuestas a caminarlo, porque queremos dejar de escondernos, queremos aprender a amarnos. Y queremos, más que identificarnos con el arquetipo de la mujer empoderada, reivindicar la vulnerabilidad que nos define como seres sensibles, cíclicos y deseantes. Y es bueno saber que hay plantas que son grandes aliadas en este sentido. Hay varias, pero hoy destaco una que además en algunos círculos goza de mala prensa: la Ruda.

De la ruda y con cierto desdén y temor se dice que es planta abortiva. Cierto es que la ruda, tomada los primeros meses del embarazo, al tener la capacidad de estimular las fibras musculares del útero y generar ligeras contracciones, puede provocar el aborto. También es cierto que favorece el parto cuando este se retrasa. Esta es una (solo una) de las razones por las cuales la ruda ha sido y sigue siendo planta muy utilizada por parteras, curanderas y mujeres yerberas. Y ya sabemos que ni la idea del aborto ni las mujeres conocedoras de las virtudes de las plantas medicinales han sido bien vistas por parte de la Iglesia católica bajo cuyo yugo represor llevamos siglos caminando y resistiendo. Es por esto que la ruda, una planta con innumerables virtudes medicinales y mágicas, ha sido demonizada. Por ser planta abortiva y por ser planta de “brujas”.

Ahora la pregunta es: ¿Qué puede hacer por nosotras la ruda en relación con nuestro ciclo menstrual? ¿Cómo nos puede ayudar a sacar provecho de los dones de nuestra ciclicidad? Sin detenerme a nombrar todas sus virtudes medicinales, voy a centrarme en este aspecto.

Hay un refrán popular que con mucha razón dice: “Si las mujeres conocieran las virtudes de la ruda irían a buscarla a la luna”. Y es que la ruda nos ayuda a armonizarnos con nuestra luna, con nuestro ciclo menstrual. Si lo supiésemos e hiciésemos uso de este saber nos ahorraríamos muchos nervios, molestias, dolores y medicamentos que nos anulan, bloquean y a veces incluso enferman.

La ruda aumenta la circulación sanguínea en el útero, deshaciendo bloqueos y relajando la musculatura de nuestros órganos reproductores. Además equilibra la producción hormonal responsable del ciclo menstrual. Por estas razones es muy eficaz para tratar muchos de los desequilibrios relacionados con nuestra ciclicidad: ayuda a que llegue el sangrado cuando se pierde (amenorrea), aminora o elimina los dolores menstruales (dismenorrea), reduce el flujo de sangre cuando este es excesivo (menorragia) y nos ayuda a caminar en la fase premenstrual con mayor calma y conciencia corporal y emocional, tratando los síntomas asociados al SPM que ya sabemos que son muy variados y que pueden abarcar la totalidad de los cuerpos que nos conforman.

En este sentido, y volviendo a lo que apuntaba al inicio de este texto, la ruda nos ayuda a hacer alquimia con las penas, desganas y dolores que durante el periodo premenstrual se presentan más visibles, permitiendo brotar de ellas amor, decisión, fuerza de voluntad y una renacida alegría de vivir. Esta planta es una madre dulce y fuerte que nos purifica y que nos protege con firmeza en los encuentros con nuestra propia sombra y que el período premenstrual favorece. Este poder transmutador de la ruda ha sido reconocido desde antiguo y es por eso que escuelas iniciáticas, buscadores de enseñanzas espirituales, alquimistas y curanderos, la emplearon, y la siguen empleando, para propiciar su transmutación interior. Está considerada como una de las plantas griálicas más importantes, capaz de propiciar la transformación interior de quien recorre una senda espiritual.

¿Cómo podemos utilizarla? Son muchas las maneras en las que podemos beneficiarnos del poder sanador, protector y transmutador de la ruda: tisanas, friegas, aceites, sahumerios, baños… Aquí me voy a centrar en el uso de la ruda en forma de tisana porque es el que despierta mayor temor, pues existe la creencia errónea de que ingerida es una planta tóxica (esto solo sucede si es tomada a grandes dosis). Bebida en dosis moderadas, terapéuticas, la ruda no presenta ningún inconveniente. Eso sí, el olor y el sabor de la ruda son intensos. Hay personas que sienten rechazo hacia su aroma y esto hay que respetarlo. Quiere decir que la persona no está en sintonía con el poder sanador de la ruda. Esta, a través de su olor, identifica a los suyos, atrae o repele. Si no gusta el olor, si este genera rechazo, no hay que insistir. Hay otras plantas a las que podemos acudir.

ruta-greveolens-infusionPara regular el ciclo menstrual y tratar cualquier desequilibrio vinculado a él recomiendo tomar 2 tazas diarias de infusión de ruda durante el período premenstrual y durante los primeros días del sangrado. Y el resto del ciclo descansar.

Su efecto sanador se hará notar desde el primer ciclo menstrual en el que sea tomada. Sería bueno también, si las energías que se movilizan durante el periodo premenstrual son muy densas, hacerse algún bañito de esta planta tan purificante y protectora.

Las dosis son: 0,5 gr ruda seca o 1 gr de ruda fresca por taza de agua. Dejamos infusionar una hora tapadito.

*0,5 gr de ruda seca equivalen a una cucharadita de las de café (las más pequeñas)

Y termino señalando que la ruda, en las mujeres, estimula de una amorosa y serena manera el deseo sexual. Así que ya sabes 🙂

 

 

Sobre cuerpo, espíritu, sombra, plantas y jardinería

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Estaba yo esta mañana haciendo de jardinera con mis plantitas, pensando en que para mí tiene poco sentido una comprensión mental o “espiritual” si esta no va acompañada por una comprensión o integración corporal. Si yo no entiendo a mi cuerpo, si yo no sé leer su lenguaje, o si lo sé leer pero no lo escucho y por lo tanto no me hago cargo de sus necesidades, por mucha comprensión o entendimiento espiritual que se haya producido, para mí, estaba pensando, se queda en el aire.

Porque he aprendido e integrado que es en mis tejidos corporales (no solo en mi espíritu) donde se almacena todo lo vivido y en donde quedan grabadas y muchas veces encapsuladas memorias emocionales traumáticas que hablan de miedo, rabia, desamor, abandono… Mi cuerpo es mi memoria y, si no me paro a escucharlo y a atenderlo, todo proceso de sanación queda incompleto. Si yo por ejemplo me enfoco en cultivar la confianza sin atender el miedo que probablemente esté alojado en mis tejidos renales, esos que se encargan de filtrar mi sangre y de producir la orina entre otras muchas funciones, por mucha comprensión espiritual sobre la confianza que me debo a mí misma y a la vida, la memoria corporal alojada en mis riñones, materializada quizás en forma de cálculos, actuará como una forma de eco que reproducirá mi miedo y mi falta de confianza en mi cotidianeidad. Lo mismo para la rabia y la frustración y el hígado, o el desamor y el corazón, o los pulmones y la tristeza y el miedo a morir, etc etc etc… Siento también que esta falta de atención esconde un miedo a mirar de frente nuestra sombra, que en su forma corporal puede presentarse como inflamación, obstrucción, irritación… Queremos irradiar amor, solo alegría y confianza ignorando la pus, las flemas, las piedras. Pero estas “feas” manifestaciones no desaparecen por poco visibles que sean, y para asegurarse ser vistas, si no son atendidas, recrudecen su presencia. Lo que es arriba es abajo.

Digo esto porque a mi alrededor veo mucha disociación entre el cuidado del cuerpo y el del presunto cuidado del espíritu. No puede haber uno sin otro. Digo esto y en realidad me lo estoy diciendo a mí misma, por todos los años de abandono y sordera corporal. Más que escuchar a mi cuerpo, intentaba que este encajara en sistemas dietéticos variados que me llegaban del exterior. Ahora intento practicar la escucha corporal radical. Me fío más de mi cuerpo que de mi mente o de mis supuestas revelaciones espirituales. A día de hoy le pongo a mi cuerpo la gorra de capitán, o de capitana, si como muchas decido llamarla cuerpa. Es él quien decide, por ejemplo, qué tipo de alimentos son los que necesita, lejos de dogmas y filosofías mentales. La que quiero cultivar es una filosofía corporal. La mía.

Creo que esta es una de las razones por las que amo a las plantas, por las que trabajo con ellas y por las que son mis más firmes aliadas. Las plantas, en su infinita bondad y generosidad, se ocupan no solo de echarle un cable a nuestros tejidos corporales mejorando sus funciones, sino que también, si las utilizamos con un mínimo de conocimiento y conciencia, apoyarán los procesos orgánicos desde lo mental, lo emocional y lo espiritual. Es decir, que en relación con nosotros, nos afectarán de manera global u holística. Las plantas son seres, seres libres de prejuicios, con una memoria vital de desarrollo y superación distinta a la nuestra, más ancestral. Tenemos mucho que aprender de ellas, tienen mucho que ofrecernos y contarnos. A todos los niveles. Las hierbas, los árboles, las flores, nos acercan a nuestra naturaleza esencial, mejorando el estado de nuestro cuerpo y de nuestro espíritu, de todo nuestro ser. Por eso, y por mucho más, merecen mi más dulce y atento cuidado.

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